por Carmen Osorio Suarez | Jul 15, 2025 | Blog
Vuelvo de mis vacaciones, una vez más, triste y, por qué no decirlo, enfadada… por las escenas de niños “abducidos” por las pantallas. Es la pandemia que pocos quieren ver.
Escena 1: niño de 2 años, pasmado frente a un móvil mientras un ilusionista hace trucos de magia en un escenario a apenas tres metros de distancia. Escena 2: niño de unos 5 años, abstraído por un móvil, mientras una cantante de soul canta canciones en un escenario enfrente de él. Escena 3: bebé de aproximadamente un año y medio, sentado en un carrito, con un móvil delante de sus ojos… mientras espera a que algún adulto, de los tres que hay en la mesa y que conversan entre sí, le vaya introduciendo alimentos en la boca. Escena 4: niño de unos 8 años, en un avión, al lado de una ventanilla. Enlaza dos películas seguidas, sin descanso, sin que el adulto de al lado (su padre) le invite a mirar el despegue o aterrizaje. Sin que nadie hable con él.
Y así, en cualquier restaurante te encuentras con… la pandemia que pocos quieren ver.
Son solo cuatro ejemplos de las numerosas y constantes escenas que vemos en restaurantes, hoteles… Escenas que entristecen. Son niños y bebés privados de sensaciones, conversaciones, asombro, música, juegos… Niños adormecidos por sus adultos de referencia que eligen “apagarlos”. Son situaciones distendidas, con adultos sin obligaciones, en las que además hay alternativas. Y no sólo eso; son situaciones y vivencias en las que los niños tienen el derecho a estar presentes y conscientes.
No son familias en modo supervivencia.
No es una madre que tiene que trabajar y por eso “tira” de pantallas en algunos momentos. No es un padre que necesita 15 minutos para darse una ducha sin que el niño la “líe”. No es un adulto que tiene que ponerse a cocinar y decide encender la TV un rato. No disfracemos esto más con el pretexto de que los padres no damos abasto. Porque las situaciones y lugares en los que usamos los dispositivos dicen mucho de cómo los usamos. No es lo mismo usar un móvil estando solo que cuando estás tomando algo con otras personas. Y no es lo mismo “tirar” de pantallas cuando necesitas conciliar que cuando estás en modo distendido.
Y sobre todo, que no son episodios puntuales. Y si así fuera, quizás no sería preocupante, porque hay algunas circunstancias que podrían requerirlo. Pero me temo que no es algo que veamos de vez en cuando. Esto de las pantallas es algo habitual y totalmente normalizado en situaciones, insisto, donde lo lógico y lo sano sería estar interactuando con esos menores.
Nadie quiere hacer daño a sus hijos pero queremos la comodidad de que no nos molesten.
Y sé que nadie (o casi nadie) quiere hacer daño conscientemente a sus hijos. Porque, no lo olvidemos, las pantallas les están dañando; hay, no solo evidencia sino también advertencias suficientes como para ignorar esa realidad. Insisto, no creo que nadie busque hacer daño a sus hijos pero sí hay una intencionalidad: que no molesten, que nos dejen tranquilos, estar cómodos. Eso es real y eso lo sabe cualquiera.
Podemos seguir mirando a otro lado o podemos empezar a considerar que se está descuidando a los menores. Porque se está optando por un recurso que tiene unos daños, en situaciones donde deberían estar atendidos. Y no me refiero a las necesidades básicas relacionadas con lo físico sino a todas esas necesidades de contacto, comunicación, aprendizaje… Toda esa interacción humana NECESARIA para un buen desarrollo.
Empecemos a considerar que esto no es normal, por muy frecuente que sea. Y que no es sano, por muy normalizado que esté. Es la pandemia que pocos quieren ver.
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por Carmen Osorio Suarez | Jun 10, 2025 | Blog
Concentraciones por una infancia y adolescencia libre de pantallas. Así es como podemos resumir las demandas que hicimos en las 12 concentraciones repartidas por toda España el día 7 de junio. Y cuando decimos sin pantallas, nos referimos al uso de pantallas tal y como se están usando hoy en día: de forma abusiva y temprana, sin respetar los tiempos recomendados de exposición, sin restricciones de contenidos a los menores y un sinfín de cosas más que están sucediendo y que se están asumiendo como normales.
Concentraciones por una infancia y adolescencia libre de pantallas: el derecho a la desconexión digital.
Cuando hablas de menores sin pantallas, mucha gente piensa que quieres aislarlos… pero nada más lejos de la realidad; no somos un grupo de familias tecnófoba, somos familias responsables que vemos cómo este bucle en el que han metido a los menores (a los mayores también pero se supone tenemos ya una madurez para hacer frente a esto) está causando estragos en la salud mental. Y ya no es sólo que lo veamos con esos menores, es que la ciencia lo avala con numerosos estudios (el último, este de la Universidad de California) y cada vez más expertos están dando la voz de alarma.
El derecho a la desconexión digital debe existir. Y deben tomarse medidas para proteger a los menores dentro del mundo online, como se hace en el mundo real. Quien crea que es normal que los menores puedan acceder a determinados contenidos es que no es consciente de la gravedad de la situación. Y como digo siempre, por supuesto, hay que educar, sí. Pero la educación y la regulación o las restricciones por edad no son incompatibles y se hacen en muchos otros ámbitos.

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Concentraciones por una infancia y adolescencia libre de pantallas: principales reivindicaciones.
Las reivindicaciones fundamentales de estas concentraciones, organizadas por el Movimiento OFF (por un desarrollo tecnológico esté al servicio de la humanidad y no al revés) son:
Restricción de acceso a los menores a redes sociales.
Establecimiento de una edad mínima legal para el acceso a los smartphones.
Desescalada digital en todos los ciclos escolares. Educar sobre lo digital, no generando dependencia digital.
Formación dirigida a profesionales, familias y alumnado sobre las implicaciones de la digitalización en la salud física, emocional y cognitiva de los menores.
Limitación del tiempo de pantallas conforme a las recomendaciones de entidades científicas como la Asociación Española de Pediatría.
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por Carmen Osorio Suarez | Feb 11, 2025 | Blog
“En cierto modo, el cigarrillo, la botella de vino, la raya de coca… se convierten en un amante, una madre, un gurú que proporciona el alivio que ansío. Me devuelve al vientre materno, me libera de las cargas que llevo a cuestas. Me quita el malestar. Me trae a casa… temporalmente”. Jeff Foster.
La adicción a las pantallas no es distinta a otras adicciones conductuales. Quizás es más difícil de reconocer porque la hemos normalizado.
Y la hemos normalizado porque muchas personas hacen un uso abusivo de los dispositivos, más allá del trabajo, que muchas veces puede ser una excusa, y hemos difuminado esa línea que nos permite ver lo que es un problema y lo que no. Nadie dudaría un segundo en calificar como adicto a un señor que pasa cinco horas diarias jugando en una máquina de un bar. Sin embargo, no creemos que una persona que pase 5 horas al día en un red social sea adicta a esa red social. Es más, no sólo no lo vemos sino que lo hemos convertido en lo normal. Y haberlo hecho, nos impide ver el problema.
La adicción es una enfermedad que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa o alivio a través del uso de una sustancia, conducta o persona. ¿Y qué es lo que caracteriza a las adicciones? Pues básicamente cuatro cosas: la pérdida de control (se me va de las manos), la dependencia (lo necesito sí o sí), la tolerancia (quiero más) y el síndrome de abstinencia (cuando no lo tengo, estoy mal). Y por ello, tu vida se empieza a convertir en una única cosa: solo disfrutas de aquello a lo que tienes adicción aunque estés metido en un infierno. A veces, eres consciente. A veces, no.
La adicción a las pantallas, como otras adicciones, te lleva a descuidar cualquier aspecto de tu vida: tus relaciones, tu trabajo, tu descanso… La pantalla te da placer o alivio en el momento pero va afectando a medio plazo a tu salud y a tu vida en general.
¿Qué hay detrás de las adicciones? Detrás de las adicciones hay miedo, hay vacío, hay una búsqueda de calma a través de un camino incorrecto, hay dolor que no se sabe gestionar, hay desconfianza, hay desconexión, hay seres humanos sintiéndose incompletos en busca de algo que les llene a través de atajos basados en el placer inmediato, y que son sólo es eso, placeres inmediatos. Hay un conflicto, hay frustración, hay impotencia, hay soledad… y la adicción te «salva» de todo eso, se ofrece como un remedio mágico, como eso que te proporciona alivio. Cubren esos vacíos, esas soledades, esas desconexiones, esas frustraciones, esa soledad de quien no ha encontrado o no conoce su propósito en la vida.
En el caso de la adicción a las pantallas, o sencillamente las conductas abusivas, se pueden esconder muchas de esas cosas que antes mencionaba. Pero también hay mucha incapacidad para enfrentarse al aburrimiento, al no hacer. Vivimos en una sociedad consumista que empuja a estar siempre consumiendo. Lo que sea. Y nada más rápido que consumir contenido y contenido a golpe de clic, que llevamos encima 24 horas al día, que además pasa desapercibido. Hemos caído en la trampa de que necesitamos eso constantemente. Sin darnos cuenta de que nos venía algo demasiado grande.
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Recuerda que podemos ayudarte a través de asesorías para un buen uso de las pantallas en tu familia. Dispones también de nuestro curso Desconéctales, que te va ayudar a tomar conciencia de los retos y problemas a los que nos enfrentamos. Y no olvides que también podemos ayudarte con acompañamiento transpersonal.
¿Qué es el acompañamiento transpersonal?
Es un acompañamiento del alma, un acompañamiento en la búsqueda de ser seres completos, abrazando nuestra parte oscura, nuestra sombra, las heridas de la infancia; un acompañamiento para que mires hacia dentro con compasión, sin juicio; en el que estar presente y hacernos conscientes cobra especial importancia. Puedes pedir hora a través de nuestra web adictosalatecnologia.es.
por Carmen Osorio Suarez | Feb 3, 2025 | Blog
La adicción a las redes sociales reduce la materia gris, disminuye la capacidad de atención, empeora la memoria y distorsiona procesos cognitivos. Y no lo digo yo, que también lo recalco una y otra vez porque son muchos los estudios que lo están diciendo desde hace tiempo. Lo corrobora también este metaanálisis reciente. Por si lo no sabes, un metaanálisis sintetiza la evidencia procedente de estudios disponibles sobre un tema. Y lo que viene a decir éste en concreto sobre el uso incontrolado de Internet y la adicción a las redes (esa que muchas familias creen normal), es que pudre el cerebro.
La adicción a las redes sociales y a internet provoca cambios en el cerebro, y eso afecta al comportamiento y a las capacidades de una persona.
Hablemos ahora de pudrir el cerebro. El término «podredumbre cerebral» ha ganado relevancia en los últimos años para referirse a la preocupación sobre el impacto del consumo excesivo de contenido de poca o baja calidad en redes sociales. De hecho, en 2024, este término, más bien expresión, fue elegida como palabra del año por Oxford. Según el Oxford English Dictionary, el término brain rot se define como “el supuesto deterioro del estado mental o intelectual de una persona como el resultado del consumo excesivo de contenido online que es considerado trivial o poco desafiante. Es decir, contenido basura, chorra, malo…
Y la verdad es que lo primero que se me viene a la cabeza son TikTok y Youtube, sinceramente.
Pienso en esos niños viendo vídeos de cómo otras personas juegan a algo; en esas niñas viendo bailes ridículos o «tutoriales» de cremas y maquillajes de mala calidad y que no necesitan… y es que es imposible que esas cosas no pudran el cerebro.
En los últimos años, la ciencia ha demostrado a través de numerosos estudios que este consumo excesivo de contenidos basura en internet está cambiando nuestros cerebros, la evidencia dice que las redes sociales están reduciendo la materia gris, disminuyendo la capacidad de atención, empobreciendo la memoria y distorsionando procesos cognitivos fundamentales. Esto es lo suficientemente importante como para que nos lo tomemos en serio y no permitamos que eso configure el cerebro de nuestros hijos. De las familias depende poner freno.
Si sientes que las pantallas han tomado el control de tu casa o quieres evitar que eso suceda, Desconéctales es el curso que te va ayudar a tomar conciencia de los retos y problemas a los que nos enfrentamos, ayudándote en la tarea de una buena relación con las pantallas en el hogar. Porque la salud de las familias pasa inevitablemente por un uso adecuado de una tecnología que ha invadido todos los espacios. Tres horas de formación en vídeo alta calidad, para hacer a tu ritmo, con autoevaluaciones voluntarias en cada tema y ebook.
por Carmen Osorio Suarez | Ene 28, 2025 | Blog
Lo de los móviles y la mala educación alcanza cotas dantescas. Hace poco, en un restaurante, nos encontramos una mesa con unos diez adultos y seis chavales, de unos 13-14-15 años de edad. Todos esos chavales con un móvil en la mano, excepto uno. Se hablaban de vez en cuando mientras cada uno seguía con la mirada puesta en su móvil. El que no tenía, hablaba, iba mirando el móvil de el de al lado. Aquí ya vemos un ejemplo claro de lo de los móviles y la mala educación en grupo.
Cuando llegó la comida, tres de ellos dejaron el móvil. Dos siguieron con él. Uno lo posó al lado para seguir viendo la pantalla. Otro, el caso más dantesco que he visto, lo tenía en su mano izquierda. No lo soltó, literalmente, ni un minuto. Comía huevos fritos con patatas. Bueno, no comía, engullía. Porque claro, si uno no está a lo que está, pues eso.
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No todo es relativo, no todo vale, no todo depende. Hay cosas que, objetivamente, están bien y otras que están mal. Punto.
Como no soltaba el móvil, los huevos se los comía enteros, sin partir, sin romper con un trozo de pan. Nada. Todo por no soltar el móvil. Cogía el huevo frito entero con el tenedor de la mano derecha y lo engullía. Hubo un momento en que bajó la cabeza y se metió la comida con la boca, directamente del plato. Sí, un chaval de metro ochenta. Insisto, todo por no soltar el móvil. Otro ejemplo claro de los de los móviles y la maña educación, además de ejemplo de un claro problema.
Terminó la comida y todos otra vez con el móvil. Un rato después salieron fuera del restaurante. Tenía yo pocas esperanzas de que fueran a hacer algo distinto. Efectivamente, salieron, se sentaron en un banco en fila y todos con el móvil excepto el que no lo tenía, que se sentó también y miraba un móvil ajeno y hablaba.
Y ahora es cuando me dicen eso de no puedes juzgar por haberlos visto un rato.
Claro que puedo juzgar y lo voy a hacer. Eso se llama mala educación. Estar con un grupo de personas y estar usando permanentemente o de forma continuada tu móvil es una falta de respeto. Punto. Y ni un solo adulto en esa mesa dijo ni mu. Y además, te digo otra cosa.
Cuando tú usas tus dispositivos en según qué circunstancias, das mucha información de cómo los usas.
A ver si creemos a estas alturas que esos chavales, el resto del día, no tocan el móvil. Es muy probable que lo usen más de cinco horas al día y me atrevo a decir que el de los huevos fritos, pasará de las 7-8 horas diarias.
Así que empecemos a juzgar y empecemos a hacerle ver a la gente que, además de un problema, tenemos una falta de educación alucinante.
Porque no te voy a juzgar si tu hijo tiene una rabieta en público y, por no tener numerito, tiras de pantallas para calmarle. Pero sí lo voy a hacer si tienes a tu hijo toda la comida, en un restaurante, con el móvil plantado sólo para que puedas comer tranquilo. Porque, como padre o madre, eres responsable. Igual que lo son esos padres del chaval del restaurante, que no hacen el amago en toda la comida de reprocharle/corregirle/hablarle/disuadirle…
Es negligente sabiendo lo que hoy sabemos.
Igual que es negligente darles un cigarro o un coche antes de los 18 años. Que lo podrán hacer cuando tú no estés delante. Pero coño, delante de ti, no. Con tu permiso, tu complacencia, no. Su cuidado es tu responsabilidad. Y si veo que no los cuidas, puedo juzgar. Me da igual si te he visto una hora o diez, o te conozco o no.
Recuerda, hay cosas que están bien y hay cosas que no. Y las cosas malas no se convierten en buenas aunque las haga la mayoría.
Porque, insisto, una cosa es tirar de pantallas cuando estás en modo supervivencia. Porque tienes que entregar algo a tu jefe desde casa y el niño no te deja. Porque tienes que hacer la comida y la niña te lo impide. Porque estás exhausta después de todo el día cuidando de tu peque y necesitas 20 minutos para que te deje respirar. Y otra es tirar de pantallas en momentos distendidos, por comodidad, porque no te apetece poner límites. No es lo mismo, y lo sabes. Y lo de los móviles y la mala educación ha alcanzado cotas inimaginables.
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Si sientes que las pantallas han tomado el control de tu casa o quieres evitar que eso suceda, Desconéctales es el curso con el que vas a despertar y a coger las riendas. Porque la salud de las familias pasa inevitablemente por un uso adecuado de una tecnología que ha invadido todos los espacios. Tres horas de formación en vídeo alta calidad, para hacer a tu ritmo, con autoevaluaciones voluntarias en cada tema y ebook.